Paco Montes 24 de junio de 2021

Por Erik Cruz / SOS Noticias

Córdoba, Ver.- Miembro de las primeras generaciones de voluntarios de la Cruz Roja delegación Córdoba, don Wenceslao Díaz González, de 89 años de edad y 53 años como socorrista, mantiene la pasión por ayudar.

Su historia como socorrista inició con su amigo Filadelfio Hernández (qepd), quien le propuso entrar a la Cruz Roja. Ambos compartían el gusto por acampar, y en la delegación podían hacerlo. Ya han pasado más de 50 años.

Los primeros apoyos de don Wences

Para don Wences, para ser socorrista solo se necesita tener ganas de ayudar. Recuerda que en su primer día de guardia llegó un hombre con heridas por arma blanca, lo vendaron, usaron gasas.

Posteriormente lo llevaron al Hospital Civil Yanga, siendo el único hospital en ese tiempo.

Don Wences ha visto como las herramientas de primeros auxilios han ido evolucionando, ya que antes no usaban guantes, cascos ni lentes, entre otras herramientas de trabajo.

Nunca imaginó que le gustaría tanto ayudar a la gente. A pesar de los años y de que como él mismo dice, su memoria se ha visto mermada, recuerda que para ser un auténtico socorrista hay que ser servicial y atento.

¿Por qué dejó de ir a sus guardias?

Hace más de un año que dejó de ir a sus guardias a la delegación primero por la pandemia de Covid-19 y después porque empezó a tener problemas en su pierna derecha, la cual le fue amputada: padece diabetes.

“No comer muchas porquerías, Coca-Cola o carnes rojas, no es bueno”.

Don Wences, lo platica desde una silla de ruedas, donde no pierde el ánimo.

En agosto del 2020 le fue amputada su pierna y desde entonces está en una silla de ruedas, su cuarto fue acondicionado para que pudiera moverse con mayor libertad.

A pesar de todo aún mantiene la energía y el buen humor para hacer amena un plática con sus familiares y amigos que lo van a visitar.

Está esperando su prótesis

Se mantiene firme y en espera de regresar a las guardias, porque está decidido a retornar a la Cruz Roja para ayudar como telefonista, dando información a las personas que llaman para saber información de sus familiares.

“Estoy esperando que me den mi prótesis, aunque sea contestar llamadas pero voy a regresar porque me gusta; me gusta el relajo de los chamacos, nos ponemos a jugar domino, jamás lo voy a dejar.»

Don Wences tiene ocho hijos, entre ellas dos mujeres, veinte nietos y trece bisnietos, una familia grande, que lo único que desea es que siga haciendo lo que él más ama.

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