Redacción SOS 24 de octubre de 2021

El portón es cuidado por un hombre de entre 50 y 60 años. Él también es un interno del anexo que al haber pasado más tiempo en el lugar se ha ganado la confianza del ‘padrino’, el jefe del lugar.

A continuación vamos a relatarles un parte de la historia de William, un adicto al alcohol que estuvo internado 3 meses en un anexo. Autoriza contar su experiencia pero pide guardar su identidad, lo cual vamos a respetar.

Esta información se origina tras buscar entender la situación del joven de 22 años originario de Tetelcingo que falleció el 22 de octubre en el anexo de infonavit El Dorado.

¿Un anexo u Oceánica?

Quienes ingresan a un anexo generalmente son impulsados (u obligados) por sus familiares, tras haber agotado todas las posibilidades por tratar de que su familiar dejara las drogas o el alcohol.

Para las personas de escasos recursos un anexo es la única opción alcanzable económicamente. No existen clínicas de rehabilitación públicas con precios accesibles. Simplemente no hay.

El pago para ingresar a un adicto a un anexo en Córdoba es de entre 300 y 400 pesos más una despensa semanal. En cambio, una clínica privada como Oceánica maneja precios de más de 70 mil pesos por mes, según Expansión.

Un centro privado de rehabilitación es inaccesible para la mayoría de la población mexicana que gana entre 3,300 y 7,300 pesos mensuales, es decir, entre 110 y 240 pesos al día, según INEGI.

‘Es una experiencia horrible’

Cuando William ingresó había recaído en el alcoholismo, un problema del que se mantuvo alejado muchos años, pero un día la vida lo empujó, no soportó más y cayó.

Tomó una cerveza, una más y luego otra y cuando se dio cuenta estaba inmerso en un circulo vicioso, donde su cuerpo le pedía más alcohol. Despertaba para ir por más, no podía parar.

Cuando se es alcohólico, dice, uno no se percata de lo que puede estar afectando a su familia. Su personalidad cambió, se tornó más agresivo, no escuchaba a nadie. Quería morirse.

En un momento de lucidez su familia lo convenció de acudir a un anexo. En Córdoba hay varios, el de El Dorado, el de la Luz Francisco I. Madero, otro por la central camionera, y otro por la colonia México.

En esta historia no precisaremos cuál fue el anexo para evitar controversia, pero se encuentra en Córdoba. La historia corresponde a William y valoramos su honestidad y fuerza para contarlo.

Su familia pagó 300 pesos, firmó una carta donde libera al lugar de todas las responsabilidades, y se comprometió a llevar despensa cada semana. Él se quedó internado. Es una experiencia horrible, dice.

‘Sufrir para valorar’

William es uno de esos pocos casos exitosos. Hoy sobrio, cuenta lo que vivió esos días: el lugar cuenta con una salita, un cuartito, un baño y un comedor. Es todo, es un lugar muy pequeño, por lo menos el que a él le tocó.

Entre la recámara y el espacio del comedor deben improvisar para tender colchonetas y dormir. Es parte de lo que se debe sufrir para valorar lo que se tiene. Hay gente de todo tipo y edades.

Quienes deciden rebelarse son sometidos por los demás, incluso se les llega a derribar y se les amarran las manos y los pies hacia atrás, con cuerdas y así se les deja durante un tiempo. Él asegura que es un trato inhumano.

Por momentos parecería el infierno, sin un espacio personal, los días se vuelven lo mismo. Es duro.

¿Cómo es la desintoxicación?

Durante los primeros días los adictos necesitan el alcohol, su cuerpo se los exige. Si no lo consumen pueden llegar a convulsionar. Así, durante los primeros días reciben un té con un poco de alcohol.

El mismo va disminuyendo lentamente para que el cuerpo no lo resienta tanto. Tampoco pueden fumar ni hay espacio abierto para ello.

Los medios de comunicación consignan varios casos de personas que mueren en los anexos. Es cuestión de buscar en los archivos de los periódicos para recordar los casos.

William dice que muchos llegan enfermos. Son internados a un nivel donde su cuerpo ya está mal, pero también acepta que puede haber maltrato.

El lugar es tan pequeño que puede haber riñas, hay gente que ha vivido cosas muy duras y están acostumbrados a vivir así, es fácil que se den rencillas.

¿Qué hacen los gobiernos contra el problema de alcohol?

Según la Organización Panamericana de la Salud, en los países de América se consume 40 por ciento más de alcohol que en las demás regiones del mundo, lo que es una situación alarmante.

El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos alerta sobre los riesgos de consumir alcohol en exceso, entre los que se encuentran:

  • Problemas familiares.
  • Cáncer.
  • Problemas de salud mental.
  • Problemas de aprendizaje.
  • Accidentes.
  • Violencia

Y a pesar de que las afectaciones están documentadas, el gobierno mexicano no cuenta con servicio de clínicas de desintoxicación.

Incluso, las bebidas alcoholicas están gravadas, es decir, se pagan impuestos por comprarlas y venderlas, cuyo dinero debería ser destinado para atender problemas de salud pública, pero no sucede así.

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